Puedes tener buenos hábitos o ser muy positivo y, aun así, tener que repetir las cosas cinco veces para que te escuchen.

¿Y si volvemos a lo esencial?

Observa esto:

Ahora mismo existen dos personas que tienen el mismo jefe. Los mismos colegas y clientes. Y una vida personal igualmene imperfecta.

Y sin embargo, viven vidas muy distintas.

 

Una de las personas encuentra rápido la solución a sus problemas.

La otra da tres rodeos por el desierto antes de descubrir que tenía la respuesta delante.

 

Ante un conflicto, la primera persona dice una sola frase y zanja una discusión.

La otra explica las cosas cinco veces y nadie le hace caso.

 

Y al terminar el día, una de esas personas llega a casa, disfruta de una ducha y cena charlando y riéndose con su pareja.

La otra se deja caer en el sofá con discusiones mentales y sin energía para nada más.

Lo repito.

Personas con el mismo jefe. 

Los mismos clientes. Y una vida personal igualmente imperfecta.

Y viven en universos completamente diferentes.

Puedes ser positivo, esforzarte, saber mucho de tu trabajo y tener buenos hábitos. Y aun así pasar media mañana en una discusión que se repite en bucle. O atascarte en problemas que no te conducen a ningún lugar. O sentir la tentación de mandarlo todo a paseo.

Por eso te propongo otra cosa: empezar por lo esencial.

¿Y qué considero esencial?

Veamos…

Que tus palabras tengan peso: poder decir «no» sin que comience una negociación interminable.

Y que cuando tienes algo que decir, te escuchen porque confían en tu criterio.

Eso es autoridad.

Escuchar una crítica sin tener que justificarte, ni pasarte toda la noche pensando en ella.

Saber cuándo ayudar y colaborar con los demás y cuándo es mejor dejar que otro resuelva las cosas. Aunque no les guste tu decisión.

Eso es tener carácter y presencia.

Saber qué batallas merecen la pena y cuál es el momento adecuado para enfrentarlas.

Cuándo dar otra oportunidad a un trabajo o cuándo empezar a buscar otra alternativa. Cuándo poner sobre la mesa una conversación difícil y cómo enfocarla para desatascar el problema.

Eso es inteligencia práctica.

 

Criterio y autoridad. Carácter y presencia. Inteligencia práctica.

En la vida. En el trabajo. En tus relaciones. Y contigo mismo.

Volver a lo esencial es ocuparse de todo esto.

Y esta parte rara vez aparece en las listas de hábitos o de consejos para pensar en positivo.

No puedo asegurarte que con estas ideas vayas a conquistar todos tus sueños, pero sí pueden cambiar bastante cualquier lunes. Y ese me parece un buen comienzo para cambiar todo lo demás.

Un email semanal para volver a lo esencial:

Pero ojo: esto no significa que todo vaya a ir sobre ruedas.

Significa que puedes colaborar y estar para los demás sin autoesclavizarte, ni someterte al universo de otros.

Significa que no vas a pasarte la vida eligiendo entre discutir o tragarte tu enfado.

Significa que puedes tener relaciones estimulantes sin mudarte a Bali.

Y significa que tu vida sigue siendo tuya cada día.

Aunque te cruces con contratiempos y personas difíciles.

Aunque tu bandeja de entrada reviente con emails de todos los departamentos que no se ponen de acuerdo.

Aunque sea lunes.