¿Y si volvemos a lo esencial?
Media mañana discutiendo algo que se decide en un minuto.
Y para solucionarlo me dicen que sea positivo.
¿Y si volvemos a lo esencial?
Discusiones de 1 hora para decidir algo que lleva 1 minuto.
25 mensajes de WhatsApp que no deberían existir.
Reuniones de 10 personas en las que solo 2 saben lo que dicen.
Dialogas; te esfuerzas; lo explicas tres veces; cedes; pones límites; el otro se ofende; decides no darle importancia; intentas explicarlo mejor.
Callas. Respiras. Sonríes. No es para tanto.
Y lo sigues intentando…
Haces deporte; comes más sano; lees otro libro; escuchas un nuevo podcast; piensas que el problema es el trabajo; piensas que el problema eres tú; cambias de empresa; confías en que el próximo jefe será distinto.
Sin embargo, la vida que habías imaginado no llega.
Lo más probable es que no necesites un nuevo hábito, otro curso para reinventarte, ni más expertos en redes diciéndote en 30 segundos cómo vivir tu vida.
Te propongo otra cosa.
¿Y si volvemos a lo esencial?
Observa esto:
Ahora mismo existen dos personas que tienen el mismo jefe.
Los mismos clientes. Y una vida personal igualmente imperfecta.
Una de ellas zanja una discusión con una sola frase. Sin enfados ni dramas.
La otra repite las cosas cinco veces y nadie le hace caso.
Una observa un problema y ve rápido el botón que lo desatasca.
La otra da tres rodeos por el desierto antes de descubrir que tiene la respuesta delante.
Una llega a casa, disfruta de una ducha y de la cena con su pareja.
La otra se deja caer en el sofá con discusiones mentales y sin energía para nada más.
Lo repito.
Personas con el mismo jefe.
Los mismos clientes. Y una vida personal igualmente imperfecta.
Y viven en universos completamente diferentes.
Y la diferencia no está en comer sano o ser muy positivo.
Ni en conseguir que te hagan caso porque te enfadas constantemente para poner límites, repites las cosas veinte veces o persigues a la gente. Tampoco en complacer a los demás, resignarte y callar.
La diferencia está en comprender qué es esencial.
Lo esencial es hacer que los demás te escuchen y confíen en tu criterio (y que tú también confíes en él).
Eso es autoridad.
Lo esencial es vivir tu vida sin depender de lo que los demás piensen de ti y, al mismo tiempo, saber cuándo escuchar, apoyar o hacerte cargo.
Eso es tener carácter y presencia.
Y lo esencial es enfocar un problema o una conversación difícil por el ángulo adecuado: qué hacer, en qué centrarse, cómo encontrar la solución, cuándo hablar, cuándo callar, qué decir y cómo plantearlo para que no se repita.
Eso es inteligencia práctica.
Autoridad. Carácter y presencia. Inteligencia práctica.
No sé si esto puede ayudarte a conquistar tus sueños, pero sí puede cambiar bastante cualquier lunes. Y eso me parece un buen comienzo para cambiar todo lo demás.
Un email semanal para volver a lo esencial:
Pero ojo: esto no significa que todo vaya a ir sobre ruedas.
Significa que puedes colaborar y estar para los demás sin autoesclavizarte, ni someterte al universo de otros.
Significa que no vas a pasarte la vida eligiendo entre discutir o tragarte tu enfado.
Significa que puedes tener relaciones estimulantes sin mudarte a Bali.
Y significa que tu vida sigue siendo tuya cada día.
Aunque te cruces con contratiempos y personas difíciles.
Aunque tu bandeja de entrada reviente con emails de todos los departamentos que no se ponen de acuerdo.
Aunque sea lunes.