La vida no siempre recompensa al que más trabaja, al que medita o al que sabe más.

¿Y si volvemos a lo esencial?

En este momento existen unos 2.437 hábitos para ser feliz y exitoso.
Sin embargo, cada vez hay más frustración y desencanto:

–Prisas, falta de motivación y caos. En el trabajo, en el coche, en casa.

–Conflictos y discusiones que se repiten en bucle, con compañeros, jefes o parejas.

–Y la sensación de que, por mucho que te esfuerces, nada cambia.

Y la solución que vemos por todas partes es escribir un diario de gratitud. Ser empático. O descubrir tu misión, dejar el trabajo y emprender.

Puedes ser positivo, esforzarte y tener buenos hábitos. Y aun así perder media mañana en una discusión absurda.

O atascarte en problemas que sabes que no deberías estar resolviendo tú.

O tener que repetir las cosas cinco veces para que alguien te escuche.

Y puedes no meditar, ni tener hábitos grandiosos e irte muy bien en la vida.

Puedes hacer que las personas valoren tu opinión y quieran escuchar lo que tienes que decir. Sin enfadarte, ni pasarte la vida poniendo límites.

Puedes disfrutar del trabajo aunque no sea tu misión en la vida.

Y puedes llevarte bien con tu jefe, colegas y con tu suegra. Sin complacencias, ni esclavitudes.

¿Por qué te cuento todo esto?

Porque he crecido rodeada de emprendimiento y éxito. Y no he visto a ninguna de esas personas llevar los hábitos millonarios que explican por todas partes.

Y porque, además, me he buscado la vida y alcanzado un éxito profesional por el que muchos se queman durante años. Y puedo asegurarte que la base no está en la mayoría de hábitos que aparecen por todas partes.

Es como asegurar que la base del éxito de Rafael Nadal está en ser positivo y meditar mucho… cuando todos sabemos que la base del éxito de Nadal está en saber jugar extraordinariamente bien al tenis.

Por eso te propongo otra cosa: volver a lo esencial

Lo esencial es empezar por solucionar esto…

–Fulminar discusiones y problemas innecesarios a tu alrededor.

–Hacer que la gente colabore sin estar todo el día discutiendo por un email o ver quién archiva un documento.

–Llevarte mejor con tu jefe, con tus empleados, compañeros y con tu pareja. Y que ninguno decida por ti si vas a tener un buen día.

–Y llegar a casa con energía mental para jugar con tus hijos. O trabajar en tus proyectos. O entrenar. O hacer la cena con tu pareja mientras os reís juntos compartiendo una cerveza.

Una vida en las que no te pases el día preocupado por trillones de cosas, discutiendo por un email, por un archivo, por el orden, por el trabajo, la compra o las visitas familiares.

Una vida en la que no te persigan discusiones mentales mientras te duchas.

Una vida en la que no te importe que sea lunes.

No sé si esto va a ayudarte a conquistar todos tus sueños, pero puede cambiar bastante cualquier martes. Y ese me parece un buen comienzo para cambiar todo lo demás.

Un email semanal para volver a lo esencial:

Pero ojo: esto no significa que todo vaya a ir como la seda.

Significa que puedes colaborar y ayudar a los demás sin autoesclavizarte, ni someterte a universos ajenos.

Significa que no vas a pasarte la vida eligiendo entre discutir o tragarte tu enfado.

Significa que puedes tener relaciones estimulantes sin mudarte a Bali.

Y significa que tu vida sigue siendo tuya a lo largo del día.