Puedes tener buenos hábitos y, aun así, tener que repetir las cosas cinco veces para que te hagan caso.
¿Y si volvemos a lo esencial?
En este momento existen unos 17.539 hábitos para ser feliz y exitoso, pero cada vez hay más frustración y desencanto:
–Personas quemadas en sus trabajos, que se sienten atrapadas y no ven la salida.
–Que no encuentran la manera de entenderse con compañeros, jefes, clientes o parejas.
–Noches mirando al techo con la mente llena de preocupaciones o rumiaciones sobre qué hacer con su vida.
Y la solución que vemos por todas partes es conocer tu misión. Ser empático. O llevar un diario de gratitud.
Puedes ser positivo, esforzarte y tener buenos hábitos. Y aun así perder media mañana en una discusión absurda. O atascarte en problemas que no te conducen a ningún lugar.
Y puedes no meditar, ni tener hábitos explosivos e irte muy bien en la vida.
También puedes tener tu propia empresa y ser esclavo.
Y puedes tener libertad, aunque tengas jefe.
Puedes encontrar tu pasión (o a tu alma gemela) y convertirlas en una cárcel.
Y puedes disfrutar mucho con lo que haces, aunque no sea tu misión en la vida.
¿Por qué te cuento todo esto?
Porque he crecido rodeada de emprendimiento y éxito. Y no he visto a ninguna de esas personas llevar los hábitos millonarios que explican por todas partes.
Y porque, además, me he buscado la vida, he liderado negociaciones millonarias, dirigido equipos bajo presión y alcanzado un éxito profesional por el que muchos se queman durante toda una vida y sé que la base no está en la mayoría de hábitos que aparecen por todas partes.
Es como asegurar que la base del éxito de Rafael Nadal está en ser positivo y meditar mucho, cuando todos sabemos que la base del éxito de Nadal está en saber jugar extraordinariamente bien al tenis.
Todas esas cosas «extra» pueden ayudar a potenciar su trabajo en la pista, pero no son la clave ni del éxito ni de la felicidad.
Por eso te propongo otra cosa: volver a lo esencial.
Lo esencial es empezar por solucionar todo esto…
–Fulminar problemas y discusiones innecesarias a tu alrededor, y hacer que la gente colabore sin estar todo el día discutiendo por un email o ver quién archiva un documento (y sin dar tres rodeos por el desierto cada vez que hay que tomar una decisión).
–Llevarte mejor con tu jefe, con tus empleados, compañeros y con tu pareja. Y no depender de ninguno de ellos para sentirte bien contigo mismo y estar de buen humor.
–Y llegar a casa contento y con energía para trabajar en tus ideas. O para tomar algo con los colegas. O entrenar. O hacer la cena con tu pareja mientras os reís tomando un vino.
Una vida en las que no te pases el día preocupado por trillones de cosas, discutiendo por un email, por un archivo, por el orden, por el trabajo, los niños, la compra o las visitas familiares.
Una vida en la que no te persigan discusiones mentales con tu jefe, el necio de la oficina, o con tu madre.
Una vida en la que no te importe que sea lunes.
Un email semanal para volver a lo esencial:
Pero ojo: esto no significa que todo vaya a ir sobre ruedas.
Significa que puedes colaborar y estar para los demás sin autoesclavizarte, ni someterte a universos ajenos.
Significa que no vas a pasarte la vida eligiendo entre discutir o tragarte tu enfado.
Significa que puedes tener relaciones estimulantes sin mudarte a Bali.
Y significa que tu vida sigue siendo tuya cada día.
Aunque te cruces con contratiempos y personas difíciles.
Aunque tu bandeja de entrada reviente con emails de todos los departamentos que no se ponen de acuerdo.
Aunque sea lunes.