Puedes tener buenos hábitos y, aun así, tener que repetir las cosas cinco veces para que te hagan caso.

¿Y si volvemos a lo esencial?

Observa esto:

En este instante existen dos personas que tienen el mismo jefe. Los mismos colegas y clientes. Y una vida personal igualmente imperfecta.

Y sin embargo, viven vidas muy distintas.

Una de las personas encuentra rápido la solución a sus problemas.
La otra da tres rodeos por el desierto antes de descubrir que tenía la respuesta delante.

Una zanja una discusión con una sola frase.
La otra explica las cosas cinco veces y nadie le hace caso.

Y al terminar el día, una de esas personas llega a casa, disfruta de una ducha y cena charlando y riendo con su pareja.
La otra se deja caer en el sofá con discusiones mentales y sin energía para nada más.

Lo repito.

Personas con el mismo jefe. 
Los mismos clientes. Y una vida personal igualmente imperfecta.
Y viven en universos completamente diferentes

Puedes ser positivo, esforzarte, hacer bien tu trabajo y tener buenos hábitos. Y aun así pasar media mañana en una discusión que se repite en bucle.
O atascarte en problemas que no te conducen a ningún lugar.

Y puedes no meditar, ni tener hábitos explosivos e irte muy bien en la vida.

También puedes vivir sin jefe, aunque tengas jefe. Y disfrutar mucho de tu trabajo, aunque no sea tu misión en la vida.

¿Por qué te cuento todo esto?

Porque he crecido rodeada de emprendimiento y éxito. Y no he visto a ninguna personas llevar los hábitos millonarios que explican por todas partes.

Y porque, además, me he buscado la vida, he cerrado negociaciones millonarias, trabajado con personas complicadas y alcanzar un éxito profesional que nunca imaginé y sé que la clave no está en pensar positivo, visualizar o comer sano.

Sería como decir que la clave del éxito de Rafael Nadal está en ser positivo, llevar un diario de gratitud y meditar mucho…

Cuando todos sabemos que la clave de Nadal está en saber jugar extraordinariamente bien al tenis. Todo lo demás, puede ayudar —o no— a potenciar su trabajo en el campo, pero no es la clave ni del éxito ni de la felicidad.

Por eso te propongo otra cosa: empezar por lo esencial.

Cuando te cruces con una persona de éxito no te fijes en sus hábitos, plantéate otros detalles…

¿Por qué donde unos ven problemas ellos ven una oportunidad?

¿Por qué cuando hablan la gente los escucha y confían en su criterio?

¿Por qué ven fácil lo que otros ven complicado? ¿Por qué deciden en un minuto lo que otros discuten durante horas?

Y sobre todo…

¿Por qué el menos espabilado de la clase hoy tiene una empresa de éxito mientras su compañero de pupitre sigue peleando para que le dejen teletrabajar los viernes?

Un email semanal para volver a lo esencial:

Pero ojo: esto no significa que todo vaya a ir sobre ruedas.

Significa que puedes colaborar y estar para los demás sin autoesclavizarte, ni someterte al universo de otros.
Significa que no vas a pasarte la vida eligiendo entre discutir o tragarte tu enfado.
Significa que puedes tener relaciones estimulantes sin mudarte a Bali.
Y significa que tu vida sigue siendo tuya cada día.

Aunque te cruces con contratiempos y personas difíciles.

Aunque tu bandeja de entrada reviente con emails de todos los departamentos que no se ponen de acuerdo.

Aunque sea lunes.

¿Suerte? ¿Casualidad? ¿Esfuerzo? ¿Astucia? ¿Inteligencia? ¿Carisma?
¿Dones divinos?

Lo esencial.